sábado, septiembre 30, 2006

LA FIGURA DEL ENCARGADO DE OBRA

LOS ENCARGADOS DE OBRA

Desde hace bastantes años se viene hablando de la desaparición poco a poco, por razones de edad, de los buenos encargados y de la dificultad de sustituirlos por otros que reúnan las características precisas.
Esto lo vengo escuchando desde hace unos cuarenta años y más si me remonto a conversaciones, con personas de mayor edad, al iniciarme en el mundo de la construcción, que decían lo mismo o en términos semejantes. Se parece en cierta medida a la tan anunciada muerte del teatro, que se viene repitiendo periódicamente, desde la aparición de otras artes escénicas hace ya muchos años. Comentarios aparte, la cuestión es si ciertamente es verdad o no que vamos perdiendo calidad en nuestros nuevos encargados y si estos responden a lo que esperamos de ellos. Se ha de pensar que es muy difícil comparar los conocimientos y la experiencia de la persona que se jubila con la del recién llegado que por muchas cualidades que tenga, esta todavía en período de aprendizaje. ¿Podemos imaginarnos como era nuestro Encargado cuando tenía la edad del recién llegado?. Seguro que tenía fallos y desconocimiento de algunas de las tareas que debía realizar, pero con la ayuda de los más veteranos fue saliendo adelante y mejorando poco a poco sus conocimientos. Nadie nace enseñado y es en el día a día de la obra donde se adquiere la madurez. Las comparaciones deben hacerse en primer lugar de forma homogénea, en períodos equivalentes de la vida profesional de las personas y en segundo lugar, teniendo en cuenta la evolución de la construcción y su ritmo que han variado mucho en los últimos años. Hoy en día las obras se ejecutan a un ritmo muy alto, a lo que ha contribuido la creciente mecanización así como nuevas tecnologías, que reducen considerablemente los plazos de ejecución. En estas condiciones resulta muy difícil mantener la calma y pensar que la creación de nuevos Encargados de Obra, requiere tiempo y una planificación, no a corto plazo, sino a medio y largo plazo. En estos momentos, pedir planificación a una empresa constructora es harto difícil y por tanto la solución más cómoda es ir al mercado y comprar, aunque el coste sea elevado, pues quien dispone de ellos, no estará fácilmente dispuesto a cederlos, al ser éstos un bien escaso. Además de escaso, no se puede comprobar de inmediato su calidad y se corre el riesgo de darnos cuenta de que los resultados no son los esperados, cuando ya es demasiado tarde para corregirlos. Las prisas no son siempre las mejores consejeras para obtener unos buenos resultados. Pero en estos momentos, quien puede esperar , si las necesidades son las de ayer y se esta a punto de llegar a mañana.

LOS ENCARGADOS DE AYER

Siguiendo con esta exposición de lo que es la historia de los Encargados de obra, conviene hacer alguna reflexión sobre lo que eran hace ya bastantes años. En primer lugar hay que tener en cuenta que no había tantos encargados como se puede creer. La mayoría de las empresas eran de carácter familiar o con un número de trabajadores reducido, que el mismo empresario, maestro de obras, podía controlar perfectamente. En las empresas de mayor tamaño, con varias obras simultaneas el tema ya era otro. Era necesario que una persona conocedora del oficio, estuviera al frente de los trabajadores en cada obra y se hiciera responsable de lo que allí sucedía, pero no había tantas de esas empresas. ¿Cuál era el proceso para llegar a ser un buen encargado?. En primer lugar se había de hacer el aprendizaje, hoy desaparecido, que duraba un mínimo de cuatro años, pero podía llegar hasta seis. Allí se aprendían las bases del oficio y a partir de ahí se comenzaba un lento ascenso, visto desde la perspectiva de hoy, que no culminaba hasta pasado el servicio militar a los 23 años aproximadamente, cuando se adquiría la categoría de oficial. Todo este período iba acompañado, en las poblaciones más importantes, con la asistencia, durante varios años , a un centro de formación donde se realizaba la oficialía y al final los cursos de maestría. Todo este proceso como se ha dicho, iba en paralelo con el trabajo en la obra, pues la formación se adquiría en horario nocturno. El ritmo de obra era más pausado que el actual, al no existir la mecanización actual y eso permitía que los oficiales pudieran dedicar una parte de su tiempo a formar a nuevos trabajadores. Esto era posible porque cuando un joven entraba en una empresa como aprendiz, sin salario al principio y con uno bastante bajo el resto del período de aprendizaje, pensaba que iba a permanecer muchos años en ella y por tanto el empresario consideraba que el coste del aprendizaje, era asumible perfectamente como un coste mas de la empresa. Los buenos oficiales con carácter, eran los que con el tiempo podían llegar a ser Encargados, con un conocimiento de los diversos oficios, que en aquellos momentos realizaban los propios oficiales, cosa que hoy no ocurre en la mayoría de los casos. El aprendizaje se hacía en la obra y en el centro de formación. Las instalaciones en una obra eran mínimas, fontanería y electricidad y no en todas las ciudades ni en todos los edificios gas y calefacción. Todo esto era abarcable por el Encargado. El volumen de construcción era bastante estable y no crecía mucho en el tiempo, salvo excepciones, exposiciones de Sevilla y Barcelona, el metro de Madrid y Barcelona , etc. Todo este idílico, en apariencia, panorama se rompe a partir de los años cincuenta con los grandes flujos migratorios del campo hacia las ciudades.

(DIRECTOR ACADÉMICO EXECUTIVE MBA PARA PROFESIONALES DEL SECTOR DE LA INGENIERÍA Y LA CONSTRUCCIÓN)
Autor: Mario Latorre. Ingeniero Industrial
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